La gastronomía en el Imperio romano

averigua que comian hace siglos en el imperio romano

No hemos podido evitar rendir un homenaje (aunque algo tardío) al Imperio romano en una de sus fechas clave y es que para los romanos, marzo era el mes de Martius, de Ares-Marte, el Dios de la guerra y el día 15 estaba dedicado por completo al Dios guerrero.

Conoce los alimentos que se utilizaban durante el Imperio romano

Los Idus eran días de buenos augurios, aunque muchos sabréis que los caprichos de la Historia hicieron que uno de estos días (allá por el año 44 a.c) Julio César fuera asesinado.

Lejos de tan oscuro recuerdo, nosotros vamos a hacer un repaso fresco sobre los alimentos predilectos de nuestros conquistadores favoritos.

Alimentos que se consumían en el Imperio romano

Sin duda, la Tríada mediterránea (el trigo, la vid y el olivo) tuvo una importancia capital en el antiguo Imperio.

Por la mañana, los romanos solían tomar un ientáculum (desayuno), compuesto habitualmente por pan, acompañado de queso, galletas, aceitunas, huevos, leche, fruta y miel.

Además de este desayuno, tomaban un pequeño almuerzo, la merienda y la cena. Ésta solía comenzar muy temprano y se prolongaba hasta altas horas de la noche.

Las gachas eran uno de los platos más consumidos

En su versión más sofisticada incluían huevos, queso, miel, carne y pesado. El pan solía ser el ingrediente principal en multitud de recetas (no solo durante el desayuno) y los romanos sentían verdadera adoración por él.

El vino y el aceite también eran sagrados para nuestros antepasados, ya que los veneraban casi tanto como a los antiguos dioses (la leche, los huevos y el queso acompañaron a la Tríada mediterránea en el Olimpo culinario romano).

El aceite más codiciado era el de la provincia Bética y el vino griego, el preferido de las clases altas.

También era muy habitual en el Imperio beber hidromiel, es decir, agua de lluvia y miel y es que tal vez los efectos afrodisíacos que se le atribuyeron hicieron que se siguiera consumiendo durante siglos y es que hasta los gélidos pueblos nórdicos sucumbieron a sus encantos.

Aunque a otro nivel, las legumbres, los nabos, las lechugas y las cebollas también gozaron de relativa popularidad durante el Imperio. Se preparaban cocidas, confitadas, aderezadas con garum (sin duda, el condimento estrella) o aceite.

Manzanas y peras también se tomaban cocidas y aliñadas con vino, agua, pimienta, garum y un añadido de huevos batidos. Los higos eran una guarnición habitual para pescados y carnes y las uvas, símbolo de buena suerte y estandarte de la cultura mediterránea-, la fruta más deseada.

El uso de especias e hierbas aromáticas

Las especias y las hierbas aromáticas (tomillo, romero, orégano…) dieron un toque sugerente a las recetas imperiales, que poco a poco adquirieron un punto exótico.

Y es que a medida que crecía el poder de Roma, fueron apareciendo productos tan espectaculares como las trufas toscanas, los dátiles de Cartago, los gallos de Persia, los pavos de la India, los conejos de Hispania, los corzos de Ambracia, los atunes de Calcedonia, las ostras y almejas de Tarento…

En definitiva, en el Imperio no solo hubo lugar para la guerra; disfrutar de los placeres gastronómicos fue otra de sus grandes máximas.

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